BIENVENIDOS AL BLOG DEL HOSPITAL DE HINOJO

(Marisol Farana-Fotografía)

BIENVENIDOS AL BLOG

"Solidaridad, porque es lo justo, porque todos vivimos en una sociedad, porque todos necesitamos de todos, porque todos estamos juntos en este barco de la civilización; porque somos seres humanos, iguales en dignidad y derechos."

Este Blog fue pensado para romper prejuicios, discriminaciones negativas, y estigmatizaciones.

La palabra "estigma" (griego) significa "atravesar, hacer un agujero".

El término estigmatización se ha empleado especialmente para indicar que ciertos diagnósticos (entre ellos la enfermedad mental) despiertan prejuicios contra las personas así diagnosticadas.

El prejuicio es una actitud que refleja la disposición de las personas para actuar de una forma negativa o positiva hacia el objeto del prejuicio, sin analizar si existe alguna razón que justifique dicho comportamiento.

La discriminación es una consecuencia particularmente negativa de estigmas y prejuicios, por la cual individuos o grupos de una sociedad privan a otros de sus derechos o beneficios por su causa.

Creando Nexos es una propuesta dirigida a lograr vínculos entre la personas internadas en nuestro Hospital y la sociedad. La manera: exponer sus producciones artísticas y literarias, para que todos sepan que tienen cosas para mostrar y decir.

Creando Nexos = Visibilizar lo que no se ve

martes, 14 de junio de 2011

Cuestionando etiquetas

ADD, ADHD, TGD, TEA, TOD, TOC, Bipolaridad...

Manifiesto
Los abajo firmantes, profesionales e instituciones, consideramos
necesario tomar posición respecto a un aspecto clave de la defensa
del derecho a la salud, en particular en el campo de la salud
mental: la patologización y medicalización de la sociedad, en especial
de los niños y adolescentes.
Sostenemos que la construcción de la subjetividad necesariamente
refiere al contexto social e histórico en que se inscribe y que
es un derecho de los niños, los adolescentes y sus familias ser escuchados
y atendidos en la situación de padecimiento o sufrimiento
psíquico.
Tal como planteamos ya en el
la Salud sobre el llamado “Trastorno por déficit de atención con o
sin hiperactividad”
psicopatológicos y de terapéuticas que simplifican las determinaciones
de los trastornos infantiles y regresan a una concepción
reduccionista de las problemáticas psicopatológicas y de su
tratamiento”. Son enunciados descriptivos que se terminan transformando
en enunciados identificatorios.
En ese sentido, un manual como el DSM (Manual Diagnóstico yen sus diferentes versiones), que no toma en cuenta la
Estadístico de los Desórdenes Mentales de la American Psychiatric
Association
historia, ni los factores desencadenantes, ni lo que subyace a un
comportamiento, obtura las posibilidades de pensar y de interrogarse
sobre lo que le ocurre a un ser humano.
Esto atenta contra el derecho a la salud, porque cuando se confunden
signos con patologías se dificulta la realización del tratamiento
adecuado para cada paciente.
A la vez, con el argumento de una supuesta posición a-teórica, el
DSM responde a la teoría de que lo observable y cuantificable pueden
dar cuenta del funcionamiento humano, desconociendo la profundidad
y complejidad del mismo, así como las circunstancias histórico-
sociales en las que pueden suscitarse ciertas conductas.
Más grave aún, tiene la pretensión de hegemonizar prácticas
que son funcionales a intereses que poco tienen que ver con los derechos
de los niños y sus familias.
En esta línea, alertamos tanto sobre el contenido como sobre el impacto,
que en el campo de la salud mental, tienen el DSM IV TR o el
DSM V (en preparación). Presentados inicialmente como manuales
estadísticos a los fines de una epidemiología tradicional, en las últimas
décadas han ocupado el lugar de la definición, rotulación y principal
referencia diagnóstica de procesos de padecimiento mental.
Con el formato de clasificaciones y recetas con título de urgencia,
eficiencia y pragmatismo se soslayan las determinaciones intra
e intersubjetivas del sufrimiento psíquico.

Por un abordaje subjetivante del sufrimiento psíquico
en niños y adolescentes – No al DSM

Consideramos que es fundamental diagnosticar, a partir de un
análisis detallado de lo que el sujeto dice, de sus producciones y
de su historia. Desde esta perspectiva el diagnóstico es algo muy
diferente a poner un rótulo; es un proceso que se va construyendo
a lo largo del tiempo y que puede tener variaciones (porque todos
vamos sufriendo transformaciones).
En relación a los niños y a los adolescentes, esto cobra una relevancia
fundamental. Es central tener en cuenta las vicisitudes de
la constitución subjetiva y el tránsito complejo que supone siempre
la infancia y la adolescencia así como la incidencia del contexto.
Existen así estructuraciones y re-estructuraciones sucesivas
que van determinando un recorrido en el que se suceden cambios,
progresiones y retrocesos. Las adquisiciones se van dando en un
tiempo que no es estrictamente cronológico. Es por esto que los
diagnósticos dados como rótulos pueden ser claramente nocivos
para el desarrollo psíquico de un niño, en tanto lo deja siendo un
“trastorno” de por vida.
De este modo, se borra la historia de un niño o de un adolescente
y se niega el futuro como diferencia.
El sufrimiento infantil suele ser desestimado por los adultos y
muchas veces se ubica la patología allí donde hay funcionamientos
que molestan o angustian, dejando de lado lo que el niño siente.
Es frecuente así que se ubiquen como patológicas conductas
que corresponden a momentos en el desarrollo infantil, mientras
se resta trascendencia a otras que implican un fuerte malestar para
el niño mismo.
A la vez, suponer que diagnosticar es nominar nos lleva a un camino
muy poco riguroso, porque desconoce la variabilidad de las determinaciones
de lo nominado.
Asimismo, las clasificaciones tienden a agrupar problemas muy
diferentes sólo porque su presentación es similar.
El DSM parte de la idea de que una agrupación de síntomas y signos
observables, que podemos describir, tiene de por sí entidad de
enfermedad, una supuesta base “neurobiológica” que la explica y
genes que, sin demasiadas pruebas veraces, la estarían causando.
El manual intenta sostener como “datos objetivos” lo que no son
más que enumeraciones de conductas sin sostén teórico ni validación
clínica. Es paradójico, porque una reunión de datos pasa a ser
supuestamente el modelo que se pretende utilizar para dar cuenta
de la patología psíquica, negando con esto toda exploración más
profunda y obviando la incidencia del observador en la calificación
de esas conductas.
Así, el movimiento de un niño puede ser considerado normal o
patológico según quién sea el observador, tanto como el retraso en
el lenguaje puede ser ubicado como “trastorno” específico o como
síntoma de dificultades vinculares según quién esté “evaluando” a
ese niño.
Esto se ha ido complicando a lo largo de los años. No es casual
que el DSM II cite 180 categorías diagnósticas; el DSM IIIR, 292 y el
DSM IV más de 350. Por lo que se sabe hasta el momento, el DSM V,
ya en preparación, planteará, gracias al empleo de un paradigma
llamado “dimensional” muchos más “trastornos” y también nuevos
“espectros”, de modo tal que todos podamos encontrarnos representados
en uno de ellos.
Consideramos que este modo de clasificar no es ingenuo, que
responde a intereses ideológicos y económicos y que su perspectiva
no hace otra cosa que ocultar la ideología que subyace a este tipo
de pensamiento, que es la concepción de un ser humano máquina,
robotizado, con una subjetividad “aplanada”, al servicio de una
sociedad que privilegia la “eficiencia”.
Esto también se expresa a través de los tratamientos que suelen
recomendarse en función de ese modo de diagnosticar: medicación
y tratamiento conductual, desconociendo nuevamente la incidencia
del contexto y el modo complejo de inscribir, procesar y elaborar
que tiene el ser humano.
En relación a la medicación, lo que está predominando es la medicalización
de niños y adolescentes, en que se suele silenciar con
una pastilla, conflictivas que muchas veces los exceden y que tienden
a acallar pedidos de auxilio que no son escuchados como tales.
Práctica que es muy diferente a la de medicar criteriosamente,
“cuando no hay más remedio” en que se apunta a atenuar la incidencia
desorganizante de ciertos síntomas mientras se promueve
una estrategia de subjetivación que apunte a destrabar y potenciar,
y no sólo suprimir. Un medicamento debe ser un recurso dentro
de un abordaje interdisciplinario que tenga en cuenta las dimensiones
epocales, institucionales familiares y singulares.
Entonces, en lugar de rotular, consideramos que debemos pensar
qué es lo que se pone en juego en cada uno de los síntomas que
los niños y adolescentes presentan, teniendo en cuenta la singularidad
de cada consulta y ubicando ese padecer en el contexto familiar,
educacional y social en el que ese niño está inmerso.

Firmas de profesionales e instituciones: Dr. León Benasayag; Lic. José Cernadas; Lic. Gabriel Donzino; Lic. Gabriela Dueñas; Dr. Osvaldo
Frizzera; Lic. Alicia Gamondi; Lic. Alicia Hasson; Lic. Elsa Kahansky; Dr. José Kremenchuzky; Lic. Beatriz Janin; Dra. Virginia López
Casariego; Lic. Silvia Morici; Lic. Mabel Rodríguez Ponte; Lic. María Cristina Rojas; Lic. Rosa Silver; Dra. Gisela Untoiglich; Dr. Juan Vasen.

Por consiguiente, los profesionales e instituciones abajo firmantes
consideramos que:

1) Los malestares psíquicos son un resultado complejo de múltiples
factores, entre los cuales las condiciones socio-culturales,
la historia de cada sujeto, las vicisitudes de cada familia y los
avatares del momento actual se combinan con factores constitucionales
dando lugar a un resultado particular
.
2) Toda consulta por un sujeto que sufre debe ser tomada en su singularidad.

3) Niños y adolescentes son sujetos en crecimiento, en proceso de
cambio, de transformación. Están armando su historia en un momento
particular, con progresiones y regresiones. Por consiguiente,
ningún niño y ningún adolescente puede ser “etiquetado”
como alguien que va a padecer una patología de por vida.

4) La idea de niñez y de adolescencia varía en los diferentes tiempos
y espacios sociales. Y la producción de subjetividad es distinta
en cada momento y en cada contexto.

5) Un etiquetamiento temprano, enmascarado de “diagnóstico”,
produce efectos que pueden condicionar el desarrollo de un niño,
en tanto el niño se ve a sí mismo con la imagen que los otros
le devuelven de sí, construye la representación de sí mismo a
partir del espejo que los otros le ofertan. Y a su vez los padres y
maestros lo mirarán con la imagen que los profesionales le den
del niño. Por consiguiente un diagnóstico temprano puede
orientar el camino de la cura de un sujeto o transformarse en invalidante.
Esto implica una enorme responsabilidad para aquél
que recibe la consulta por un niño.

6) Todos los niños y adolescentes merecen ser atendidos en su sufrimiento
psíquico y que los adultos paliemos sus padecimientos.
Para ello, todos, tan sólo por su condición ciudadana, deberían
tener acceso a diferentes tratamientos, según sus necesidades,
así como a la escucha de un adulto que pueda ayudarlo a
encontrar caminos creativos frente a su padecer y a redes de
adultos que puedan sostenerlo en los momentos difíciles.

Este texto es un borrador escrito por los miembros del forumadd a ser discutido
en el marco del III Simposio Internacional sobre Patologización de la infancia:
en la Ciudad de Buenos Aires, los días 2, 3 y 4 de junio de 2011.
El Manifiesto forma parte de la Campaña Internacional STOP DSM impulsada
en forma conjunta por el forumadd (Buenos Aires) y Espai Freud (Barcelona).
Si desea firmar el manifiesto, ingrese en: http://stopdsm.blogspot.com/
AGRADECEREMOS LA MÁXIMA DIFUSIÓN DE ESTE MANIFIESTO (al que seguirán otros de diferentes países).
Los grupos e Instituciones que deseen adherirse a la campaña, pueden enviar un correo a stopdsm@gmail.com
Buenos Aires, 2 de junio de 2011
PARA FIRMAR EL MANIFIESTO PULSAR AQUÍ
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